Reforma Tributaria: más allá de las ideologías

Javier González
La Tercera
Tuesday, 18 March 2014

"Es más, el fuerte peso que tienen los impuestos indirectos en Chile agrega un componente regresivo a la estructura impositiva. Por ende, lo poco que se redistribuye, se hace vía gasto, no vía recaudación."

Según al premio nobel de economía Amartya Sen, vivimos en tiempos contradictorios, donde la opulencia y la riqueza sin precedentes en la historia de la humanidad, conviven en un mundo donde abunda la pobreza, aumenta la desigualad y persiste la injusticia social. Chile no sólo no escapa a esta realidad, sino que ostenta niveles de desigualdad extremadamente altos, comparado no sólo con los países OECD, sino que también con gran parte de África. Un estudio de la Universidad de Chile (Lopez et al. 2013), que compara a más de 20 países, muestra que en Chile el 1% más rico de la población se lleva la proporción más alta de las rentas nacionales. Leyó bien, entre los países que cuentan con estadísticas comparables, no existe ninguno que exhiba nuestros niveles de concentración de ingresos. Nuestra elite local logra acaparar 50% más de lo que logran sus homólogos en EE.UU. y 250% más que los suecos. En este contexto, es razonable preguntarse ¿cuál es el rol que está jugando el sistema tributario? y ¿qué tan adecuadas son las reformas propuestas por el gobierno entrante?

La respuesta a lo primero es simple: nuestro sistema tributario no juega un rol redistributivo relevante. La distribución de ingresos antes y después de la aplicación de impuestos es prácticamente idéntica.

Responder la segunda pregunta es mucho más complejo, requiere una mirada holística y un análisis detallado, que no es posible en este espacio. Sin embargo, parece relevante discutir la propuesta de reducir la tasa máxima de impuestos a las personas de mayores ingresos de 40% a 35%. Esta propuesta es sin duda controversial, debido a cuatro consideraciones que nos hacen pensar en que la reforma debiera orientarse en la dirección opuesta. Primero, la tasa actual del 40% no es alta en términos comparados. ¿Sabía usted que en EE.UU., entre los años 40s y mediados de los 60s, las tasas máximas de impuestos a las personas superaban el 80% y hasta 1980 alcanzaban un 70%? Este fenómeno no sólo calza con décadas de altos niveles de equidad, sino que sostenidas tasas de crecimiento económico. Y este no es un caso aislado. Hasta 1990, Alemania, Inglaterra y Suecia tenían tasas superiores al 55%.

Segundo, la tasa marginal de 40% afecta al 0,3% de los contribuyentes (sólo a los más ricos). Es decir, su rebaja no se justifica en base al beneficio o alivio que podría generarle a la clase media o media alta, pues éstas actualmente no la pagan. De hecho, este es un aspecto a revertir. Mientras que en los países de la OECD las personas empiezan a pagar el tramo de impuestos máximos cuando tienen 2,4 veces el ingreso per cápita del país, en Chile la tasa máxima sólo se empieza a aplicar cuando los contribuyentes superan 11 veces dicho ingreso. Por lo tanto, no sólo no conviene rebajar la tasa, sino que necesitamos que la tasa se aplique desde montos más bajos de renta (aunque siga afectando sólo a los más acomodados). Tercero, estudios realizados por el Congreso de EE.UU. y por académicos de la Universidad de Berkeley muestran que no existe una relación robusta entre el nivel de las tasas máximas de impuestos a las personas y la tasa de inversión y crecimiento económico. En base a información histórica, se observa que estos impuestos tienen un efecto sobre la distribución del ingreso, pero no sobre el desempeño de la economía.

Finalmente, la reforma tributaria no sólo debe proveer una mayor recaudación sino que una que sea progresiva. Una que juegue un rol redistributivo desde el proceso de recaudación en adelante. Esto constituiría una clara señal política respecto a la justicia vertical que deseamos imprimir en nuestro sistema impositivo y, por ende, una expresión de la visión de sociedad que desea promover este gobierno.

 

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