Sobre el lucro y la gratuidad en la educación

Oscar Landerretche
La Tercera
Friday, 5 April 2013

Avanzar hacia la gratuidad sin fortalecer los estándares de acreditación equivale a apostar el futuro de Chile a la resignación y pasividad de un proletariado ilustrado y subempleado.

MICHELLE BACHELET señaló que priorizará la eliminación del lucro en todo el sistema educativo financiado con fondos públicos y el avance hacia la gratuidad.

Eso sí, la candidata nos dio una mala noticia (cosa que este columnista agradece): sin una gran mayoría parlamentaria, ello no sería posible. Quedó flotando en el aire el fracaso de la iniciativa de su gobierno anterior que apuntaba justo en esta dirección.

Por desgracia, tengo más malas noticias.

Primero, esa iniciativa no se perdió con puros votos de la derecha. Casi toda la Concertación apoyó el proyecto, pero, entre los votos en contra y las abstenciones, hay diputados de acá, incluyendo algunos que hoy hacen aspavientos de vanguardismo. Sin estrategia para revertir esta situación, se ve difícil que resulte.

Segundo, no basta con actuar contra el lucro y a favor de la gratuidad; también hay que enfrentar la segregación con fondos públicos a nivel escolar. La mala noticia es que hay proyectos educativos que no están interesados en el lucro, sí en la segregación, y esto debe prohibirse cuando hay subsidios. Una estrategia de fortalecimiento del rol público del sistema educativo sin enfrentar la segregación estará incompleta.

Tercero, el problema de las universidades “tipo polar” no es sólo el lucro encubierto; es también la publicidad engañosa, que vende a jóvenes proyectos profesionales que no van a poder cumplirse. A veces esto se hace sin que medie el “lucro” como tal, sino la simple y mundana irresponsabilidad. Avanzar hacia la gratuidad universal sin fortalecer los estándares de acreditación y aseguramiento de calidad equivale, a mi juicio, a apostar el futuro de Chile a la resignación y pasividad de un futuro proletariado ilustrado y subempleado. No es una buena idea.

Cuarto, no tiene sentido avanzar hacia la gratuidad universal en educación superior sin girar el sistema hacia la instrucción técnica, los sistemas de aprendizaje modulares, la educación permanente, y una estrategia de desarrollo productivo conducente a sacar a Chile de la periferia tecnológica global.

Quinto, la discusión sobre el efecto distributivo de la gratuidad en la educación escolar depende críticamente de la forma (no sólo el tamaño) de la reforma tributaria que la financie. Para caricaturizar: si se sube el IVA podría ser, en el neto, regresiva; en cambio, si se alzan los impuestos a las empresas y rentas más altas, lo contrario.

Sexto, la eliminación del lucro en el marco de un sistema educativo mixto requiere una discusión bastante más precisa de qué es lo que vamos a considerar económica, social y políticamente como lucro. No es obvio y no se ha discutido sistemáticamente.

Hay más, pero no me cabe.

Las propuestas de la candidata requieren pensar concentrada y críticamente soluciones de política pública, de táctica electoral, técnica legislativa y estrategia política que no son triviales. Hoy está muy de moda decir que es sólo un problema de “convicciones”, “coraje”, “valor” y otros heroísmos adolescentes por el estilo. Debe ser mi sesgo académico pero, simplemente, no creo que la sola vehemencia pueda sustituir tan fácilmente al pensamiento cuando hay tantas preguntas por responder.

 

Columna publicada en el Diario La Tercera bajo el título "Mala noticia 4: educación"