Una exigencia ética, social y económica

Javier González
La Tercera
Lunes, 31 Marzo 2014

"De hecho, sólo el 50% de los chilenos cree que evadir impuestos es totalmente injustificable. En este contexto, la estructura del sistema actual no ayuda. Urge eliminar el FUT y modificar otras exenciones para reducir la evasión y elusión, y aumentar la equidad horizontal y vertical del sistema."

En medio de la reciente crisis, reconocidos empresarios franceses y alemanes exigieron a sus gobiernos aumentar sus impuestos. En EE.UU. el magnate Warren Buffett pedía “por favor, dejen de mimar a los más ricos con exenciones fiscales”, convencido de que mayores impuestos “no atentan contra la inversión ni la creación de empleo”. No así nuestra elite empresarial, quien constantemente exagera el impacto que tendría un aumento de impuestos sobre las tasas de inversión y crecimiento. Claramente, estas visiones reflejan en gran parte intereses gremiales que omiten la evidencia disponible.

Primero, tal como concluyó el ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín, en un estudio (2005), aumentar la tasa de impuestos a las grandes empresas no tiene un impacto significativo sobre sus niveles de inversión. Como es obvio, estas decisiones también dependen de otras variables económicas e institucionales. Segundo, los posibles efectos negativos de la eliminación del FUT sobre la inversión -especialmente en las Pymes- podrán contrarrestarse a través de la depreciación instantánea y otros mecanismos. Asimismo, en este ámbito es clave el rol de la Agenda para la Productividad, Innovación y Crecimiento que promoverá el Ministerio de Economía. Tercero, la mayor inversión pública en educación, investigación y desarrollo, e infraestructura que se realizará con los impuestos recaudados, permitirá aumentar la productividad y competitividad de toda la economía. Cuarto, la evidencia comparada muestra que la desigualdad de ingresos impacta negativamente la tasa de largo plazo de crecimiento económico de los países. Por ende, la reforma permitirá promover un crecimiento más inclusivo y sustentable en el tiempo.

La reforma tributaria es una exigencia ética, pues la elite chilena no paga los impuestos que le corresponden. La tasa de evasión de los impuestos a la renta de las empresas rodea el 35%, y del impuesto a las personas supera el 40% (BID, 2012). Dado que la mayoría de la población (80%) se encuentra exenta de pagar impuestos a la renta debido a sus bajos ingresos, los evasores pertenecen necesariamente a los contribuyentes más ricos. Aquí el problema no es falta de educación, es ético y legal. No es falta de cultura, es cultural.

Pero la reforma también es una exigencia social y política. Nuestros niveles de desigualdad son incompatibles con cualquier concepto moderno de ciudadanía. Alcanzar el desarrollo es un proyecto colectivo, no individual, donde lo relevante es la capacidad de cooperar y no sólo competir. El sistema tributario es donde se manifiesta dicha voluntad de cooperar. No se trata de caridad, se trata de asumir un compromiso por una comunidad más justa y cohesionada. Además, la actual concentración de riqueza atenta contra nuestra democracia. La historia nos muestra que el desequilibrio desmedido entre ciudadanos tiende a traspasarse desde la esfera económica a la política. Como resultado, algunos votos pesan más que otros y la influencia de las elites termina distorsionando las leyes e instituciones a su favor.

En conclusión, la reforma del gobierno es necesaria y apunta en la dirección correcta. Permitirá aumentar los ingresos fiscales y reducir la elusión y evasión. Aún así, seamos claros: persisten desafíos importantes. La reforma será insuficiente para cerrar la brecha con los países OCDE. Chile seguirá teniendo una carga impositiva menor, incluso a la que éstos tenían cuando poseían un PIB per cápita similar al nuestro. Asimismo, la estructura del sistema seguirá dependiendo excesivamente de impuestos indirectos (IVA), los cuales son regresivos (los pobres pagan proporcionalmente más que los ricos). Por ésta y otras razones, no parece aconsejable rebajar las tasas máximas de impuestos a las personas como una herramienta contra la evasión, pues esto reduciría aún más la progresividad del sistema. Finalmente, la tributación que afecta la explotación de recursos naturales no renovables, como la minería, aún es inadecuada e insuficiente.

No nos perdamos en discusiones pequeñas: Chile enfrenta una exigencia ética, social y económica de efectuar una reforma tributaria importante. De ella depende nuestro desarrollo y justicia social. No hay excusas para posponerla.

 

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